Existen lenguas que, con el pasar de los años, son desplazadas por otras. Es un riesgo que afecta, principalmente, los derechos de pueblos originarios y de otros grupos que luchan por preservar sus tradiciones y por validar el reconocimiento social, del cual muchas veces se ven marginados.
Consciente de esa realidad, la Rectoría Adjunta Universidad Nacional (UNA) decidió tomar la batuta en el tema por medio de una estrategia institucional que buscar certificar las llamadas lenguas en desplazamiento.
No es un proceso sencillo, pero los primeros pasos ya comenzaron a darse, explicó René Zúñiga, coordinador y académico del Programa de Lingüística Centroamericana (Prolinca), de la Escuela de la Literatura y Ciencias del Lenguaje de la UNA.
En el país se hablan ocho lenguas indígenas: bribri, cabécar, maleku, ngäbe, buglé, miskito, boruca y brorán. También existen lenguas como el criollo limonense y el Lesco, todas con niveles diferenciados en cuanto a la proporción de personas que las hablan y del riesgo de desaparición que enfrentan.
Para este proyecto se comenzó con los hablantes del ngäbe de los territorios Ngöbe Buglé de La Casona y de Conte Burica. Allí acudieron académicos de la UNA acompañados por el rector, Jorge Herrera y la rectora adjunta, Alejandra Gamboa, el pasado 13 de junio. Conversaron con líderes de las comunidades, conocieron sus inquietudes así como los detalles principales del proceso de certificación que recién inicia.
Plan piloto
Detrás del objetivo de certificar una lengua en desplazamiento, existe una estrategia que buscar darle autonomía a los pueblos indígenas.
“Para nosotros hubiese sido más sencillo llegar y decir ‘certifiquen la lengua de esta forma’; sin embargo, desde los estándares de investigación que implementamos en Prolinca, esta labor debe desarrollarse en consulta y colaboración con la comunidad. Entonces, cuando fuimos allá, no llevamos una propuesta de certificación; les dijimos ‘ustedes son los que saben y conocen quienes hablan ngäbe, entonces, van a decidir cuáles son las herramientas que utilizarán para certificarlos’”, detalló Zúñiga.
El siguiente paso consistirá en una nueva visita a las comunidades entre el 7 y 9 de agosto próximos. En esa gira se conocerán al grupo de certificadores que desde la misma comunidad escogieron.
“Ahí sí nos vamos a sentar con las cinco o diez personas que hayan elegido y les presentaremos una propuesta nuestra de evaluación de las certificaciones para otorgar. Por ejemplo, un nivel básico en el dominio de la lengua si sabe sostener una conversación, o un nivel intermedio si sabe dialogar sobre diversos temas culturales y hasta llegar a niveles avanzados, así como se hace con el inglés”, describió el coordinador del Prolinca.
También llevarán una propuesta de certificación del manejo instrumental de la lengua. Le será de utilidad, por ejemplo, a un médico de un Equipo Básico Integral en Atención en Salud (Ebáis) que realice una visita a estas comunidades y pueda al menos entender lo que un paciente le quiere decir, aunque no maneje el uso del ngäbe.
El objetivo es que en el 2027 se implemente el primer pilotaje de certificación en estos territorios y que sirva de base para la extensión del programa hacia las demás lenguas originarias.
Justicia histórica
Es difícil determinar con exactitud cuantas personas hablan Ngäbe, pues se trata de una población muy fluctuante, producto de la migración entre Costa Rica y Panamá durante la época de cogidas de café. De acuerdo con Prolinca, se estima que entre 3.500 y 9.000 personas participan en esta actividad económica.
Para Zúñiga, detrás de este esfuerzo existe un elemento de justicia histórica. “Las lenguas indígenas fueron desplazadas a la fuerza. Entonces, poco a poco, los entornos en que se usaba el ngäbe, que era parte de la vida cotidiana antes de la llegada de los españoles, fue desplazándose al punto de que ahora solo se habla en las casas y entre las familias”, agregó.
Desde la UNA se concibe como un elemento fundamental el reconocimiento del bilingüismo de estas personas, así como ocurre con el dominio del inglés o el francés, por ejemplo, y dejar atrás el estereotipo social que no les ha permitido tener ese estatus cuando se trata de lenguas originarias.
Para el caso del ingreso a una carrera universitaria, una certificación de lengua indígena debe representar el cumplimiento de un requisito que le permita a una persona estudiante un óptimo desenvolvimiento académico y extracurricular.
Como una medida alterna y de más largo plazo, que no está contemplado en el proyecto actual, el investigador considera importante que la certificación se expanda hacia el propio Ministerio de Educación Pública (MEP), como un requisito para el ejercicio de la docencia en los territorios indígenas.
Por ahora, los pasos que se están dando en este ámbito se consideran primordiales. Desde su punto de vista, después del ngäbe, estima relevante que se pueda avanzar en este proceso con el criollo limonense, que carece aún de protección constitucional como sí se establece para otras lenguas indígenas, según se establece en el artículo 76 de la Constitución Política.
Trabajo en comisión
Esta estrategia surge a raíz de la instauración de la Comisión de Multilingüismo, que lidera la rectora adjunta Alejandra Gamboa.
Dentro de esta comisión, se establecen una serie de subcomisiones como la de inglés, la de otros idiomas que no sean inglés, la de Lesco y la de lenguas en desplazamiento, que coordina Zúñiga.
En esta subcomisión, además de Prolinca, existe representación de la Dirección de Educación Rural del Centro de Investigación y Docencia en Educación (Cide), del Campus Sarapiquí y de la Vicerrectoría de Extensión.




