Por: Laura Prado Chacón

Llega el mes de diciembre: las casas, el comercio, las calles se llenan de luces de colores. Ya lo dice un antiguo villancico cantado en inglés, “esta es la época más maravillosa del año”; así viven la Navidad muchas personas y ese sentir se debe a la forma en que hayan disfrutado antes la época de dar y compartir; y si de paso se recibieron presentes, mucho mejor.

Por: Laura Prado Chacón

El sentimiento navideño se inculca con las costumbres y valores del hogar. La época navideña debe vivirse de acuerdo al sentimiento que cada uno lleva a lo interno de su mente y corazón: alegría, ilusión, nostalgia, tristeza… en fin, todos tenemos una razón que nos hace vivir la Navidad con ópticas particulares.

Hoy me cuestiono si será cierta la expresión “cambia, todo cambia”. Estamos inmersos en un mundo material que nos llena de figuritas de Santas, muñecos de nieve, duendes y más (de paso, son realmente hermosos) que forman parte de la decoración de paredes, mesas y arbolitos en nuestras casas. Y si a eso le sumamos el efecto que tienen las redes sociales en nuestras vidas, que el teléfono celular es una extensión de cada persona y que transmitir virtualmente los saludos navideños es la forma que se está haciendo habitual de contactar a familiares o amigos. Si esa es la tendencia, la acepto; pero me resisto a dejar tradiciones que son aún más hermosas y no deben perderse.

Invito a todos los lectores para que en esta Navidad realicemos al menos una de las siguientes tres propuestas que nos permitan rescatar la esencia de compartir con un sello personal que sirva para tener detalles que marquen la diferencia. Intentémoslo.

Si usted es creyente, pregunte a los más chicos ¿qué le pediste al Niño?: a los ticos, los regalos nos los trae el Niño, no “Santa”. Es una gran oportunidad para inculcar en ellos valores y enseñarles que los regalos son producto de su esmero por el buen hacer.

Aunque el tiempo no ayuda (son muchas las ocupaciones por atender), recordemos que la vida es prestada por un ratico. Así que los invito a visitar a un ser querido que hace mucho tiempo no ven. Debemos entender que vale más el calor de un abrazo y la sonrisa de una persona al vernos llegar, que el simple envío de una imagen o un saludo a través del celular.

Si usted ya saborea de años acumulados en su vida, recuerde lo bonito que era recibir en la casa una tarjeta de navidad. Era todo un acontecimiento tomar el sobre, abrirlo y leer el nombre del remitente y sus buenos deseos para estas fiestas y el inicio de un nuevo año: ¿hace cuánto que no recibe o envía una tarjeta de navidad personalizada? Siempre sale a relucir la expresión “no me alcanza el tiempo”, o decir “eso ya no se usa”. Pues bien, el servicio de correo tradicional sigue existiendo, hay diversidad de tarjetas navideñas ya impresas a la venta en librerías y bazares. Comprar una y gestionar su envío (dando la dirección a la tica, con pelos y señas, para tampoco perder esa costumbre) y hacérsela llegar a una familia que es muy especial en su vida. De seguro, ellos se van llevar una grata sorpresa.

Dar y compartir con el que menos tiene. Es muy probable que usted sea de las personas que acostumbra hacer un regalito impersonal para un infante de escasos recursos; es un acto loable, no deje de hacerlo. Sin embargo, lo invito para que también incluya en su lista el dar un regalo a una persona adulta mayor, de esas que están solitas en un hogar de cuido, a quienes nadie visita. Quizás hasta pueda ofrecerle algo que le ayude a cubrirse una necesidad y tener una mejor calidad de vida.

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Pero sobre todo, no permitamos que la Navidad se convierta en una época de simple materialismo, donde la ausencia se compense con regalos. Vivir la Navidad es una emoción que debe nacer desde muy dentro de nosotros y que la demostramos a nuestra familia y amigos. Pero tengamos presente, como cristianos practicantes, que la alegría de la época se basa en celebrar el nacimiento del Niño Jesús en nuestros corazones y en el seno del hogar.

¡Felices fiestas! Bendiciones para todos y que el amor esté presente en sus vidas, en el gozo de la celebración de la Navidad.