El Estado de la Nación, principal observador del desarrollo humano indicó el año pasado que si bien para el 2016 Costa Rica contó con altos indicadores, en la última década no se ha mejorado el acceso a dicho derecho humano y preocupa el incremento de la desigualdad social.

Por: Mario Hernández Villalobos
Investigador, Antropólogo y Geógrafo

Desde la independencia en 1821 han sido varias las estrategias en procura del desarrollo humano, pero resalta en 1963 la conformación de la Oficina de Planificación (Ley No. 3087), que diez años más tarde se convertiría con la Ley    No. 5525, Ley de Planificación Nacional, en el Ministerio de Planificación Nacional y Política Económica, rector del Sistema Nacional de Planificación. Una de sus funciones es elaborar el Plan Nacional de Desarrollo. A su vez, el Subsistema de Planificación del Desarrollo, adscrito a dicho ministerio, cuenta entre sus mandatos, realizar estudios prospectivos sobre el desarrollo nacional.

La prospectiva, como disciplina para la planificación estratégica ofrece la posibilidad de diseñar un futuro deseado a partir del análisis sistemático de acontecimientos pasados y presentes. Juan José Gabiña, experto en dicha materia, señaló en 1998 que la prospectiva se fundamenta en tres postulados: el futuro como un espacio de libertad, el futuro como un espacio de poder y el futuro como un espacio de voluntad. Es decir, podría diseñarse un futuro deseado mediante la toma de decisión sobre resultados de procedimientos científicamente rigurosos, para el desarrollo humano y sobre la base del territorio nacional.

Sin embargo, ¿qué limita el cumplimiento total del Plan Nacional de Desarrollo y su correcta aplicación en el territorio?

En primera instancia debe señalarse el enfoque presidencialista con el que se configura nuestro orden administrativo. Lo anterior muy a pesar de la divisoria de poderes establecida en la Constitución Política, el control político en la Asamblea Legislativa y la autonomía municipal establecida en 1949.

Según la Ley No. 5525, será la Presidencia de la República quien establecerá los lineamientos de la política general del Plan Nacional de Desarrollo, con lo que se plantea una importante carga basada en la visión presidencialista, su plan de gobierno, su campaña electoral y la interacción en gobierno con las diferentes visiones tanto de grupos de poder, como de otros menos influyentes.

La segunda barrera refiere a nuestra economía dependiente de mercados globales dominantes, de los que se importan insumos para nuestro diario vivir y a los que se exporta bienes y servicios. Con este dominio externo macro-económico, aplicar la planificación estratégica mediante ejercicios prospectivos, en procura del desarrollo humano, se vuelve una tarea muy compleja.

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La última barrera es el corto periodo de gobierno, cuatro años son insuficientes para ejecutar acciones estratégicas y proyectos específicos. Lo anterior a pesar de que las instituciones hagan aplicaciones prospectivas, en el marco de sus competencias y responsabilidades, sumamente traslapadas entre sí.

Estos tres elementos de orden político se ofrecen al lector como un atajo hacia los temas cruciales para la aplicación de las estrategias para un futuro mejor en nuestro territorio. Los cambios sociales son lentos, por lo que las acciones hacia un mejor mañana no deben postergarse, pero requieren contemplar la condición política y territorial actual de nuestra amada y joven república; conformada por nuestras tierras, mares, espacios urbanos, nuestro agro y áreas silvestres protegidas, repositorios físicos y sociales de las fuerzas de los mercados y de las políticas públicas.