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La mañana del 3 de junio, el Centro de Investigación y Docencia en Educación (Cide) de la Universidad Nacional (UNA) no solo entregó certificados; fue el escenario donde la voluntad se impuso al calendario. Un total de 53 personas adultas mayores, con edades que oscilan entre los 62 y los 90 años, se graduaron del tercer nivel de inglés en un programa que, desde 2014, demuestra que el aula es un espacio de crecimiento sin fecha de caducidad.

Entre los participantes se encontraba Ricardo López Toruño, quién a sus 84 años, personifica la figura del estudiante eterno. Vecino de Santo Domingo de Heredia y pensionado desde el 2008, tras una vida laboral que incluyó años en la empresa Bticino, Correos de Costa Rica y otras más. Don Ricardo suma 14 años de ser parte activa de la vida universitaria en la UNA. Su motivación es clara: mantener el cerebro en acción porque, según sus palabras, “eso le da a uno más vida”.

Sin embargo, el camino no fue sencillo. Para él, el inglés era un territorio “totalmente desconocido” y enfrentó momentos de profunda duda. “Yo estuve por abandonar el curso porque en el segundo curso se dijo que solamente teníamos que hablar inglés y yo no sabía nada. Cuando el profesor llegó y me habló en inglés, me quedé mudo, no sabía qué contestarle porque no entendía nada», relata con la honestidad de quien supera sus propios miedos».

Pese a las “trabas” y la complejidad del idioma, su filosofía de vida prevaleció: “Nunca me rendí. Siempre he sido una persona que digo yo lo logro y aquí estamos”. Hoy, con orgullo, dedica sus logros a su familia y se despide con un Good afternoon que es, en realidad, un saludo a una nueva etapa de su vida.

Otra de las graduadas fue Elia Villalobos Alfaro, vecina de Heredia, para quien el regreso a las aulas tuvo un matiz especial. Tras dedicar 32 años de su vida a la docencia, la jubilación no fue un punto final, sino un punto y seguido. “Durante mucho tiempo nos hicieron creer que ya el adulto mayor no llegaba a aprender absolutamente nada. Y eso es mentiras, eso es un mito”, afirma con la autoridad que le dan sus décadas frente a pizarras.

Doña Elia resalta el valor de la relación intergeneracional que se gesta en estos talleres, los cuales imparten estudiantes de segundo año del Bachillerato en la Enseñanza del Inglés. Para ella, incluso repetir niveles tiene sentido: “La pronunciación y la metodología que ellos tienen es totalmente diferente. Entonces siempre hay un aprendizaje”, explica, tras valorar el esfuerzo y la dedicación de los jóvenes profesores que atienden las necesidades específicas de cada  adulto mayor». 

Según Villalobos Alfaro, la experiencia es un proceso de doble vía. Los estudiantes universitarios  tienen que adaptar sus clases y buscar formas creativas para enseñar pronunciación y vocabulario; enfrentan, además, el desafío de conectar con una población que busca, ante todo, bienestar físico y mental.

Este programa de la UNA se mantiene como un pilar de accesibilidad e inclusión educativa y ofrece estos talleres de forma gratuita. Los únicos requisitos para quienes deseen seguir el ejemplo de don Ricardo y doña Elia son saber leer, escribir y tener el deseo de integrarse a la vida universitaria.

 “No nos sintamos adultos mayores, sintámonos jóvenes que nosotros todavía podemos”, sentenció don Ricardo al cerrar su ciclo.

Las inscripciones e información para futuros cursos están disponibles a través de los números 2277-3368 y 2277-3936, para quien quiera demostrar que nunca es tarde para aprender a decir Hello al futuro.

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