«Sentirse viejo es opcional. El ejercicio me da energía, me siento rejuvenecida y con calidad de vida”, afirmó Carolina Bonilla Zúñiga, de 71 años, quien encontró en el entrenamiento de fuerza una herramienta para mejorar su salud y recuperar su bienestar.
Tras sufrir una fractura en el húmero (hueso largo del brazo que conecta el hombro con el codo) que requirió cirugía y un periodo de reposo, enfrentó limitaciones para mover el brazo y realizar actividades cotidianas. Sin embargo, decidió retomar los ejercicios de fuerza como parte de su proceso de rehabilitación y recuperación funcional.
“Me sentía más fuerte, sin dolor y otra vez pude levantar las bolsas y subir gradas. Estaba muy orgullosa de mi progreso”, relató.
Gracias a la constancia, logró mejorar su movilidad, fuerza y autonomía. Actualmente realiza ejercicios de fuerza dos o tres veces por semana, complementados con caminatas.
Carolina destacó que fortalecer los músculos y mantener la densidad ósea es clave para conservar la independencia, junto con una adecuada alimentación.
“No solo estoy fortaleciendo mi cuerpo, también disfruto de una vida independiente y sin dolor. Se me olvida la edad que tengo, me siento más joven y llena de energía. El entrenamiento de fuerza me ha enseñado que soy más fuerte y capaz. No solo he progresado físicamente, también siento que he cambiado a nivel mental y eso hace que quiera continuar para seguir realizando las cosas que más disfruto”, finalizó.
La importancia de mantenerse activo
Según la máster Lisseth Villalobos Campos, educadora física de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), a partir de los 40 años la masa muscular y ósea disminuye progresivamente, lo que puede afectar la capacidad funcional y aumentar el riesgo de caídas.
“La fuerza muscular es un componente esencial de la capacidad funcional y un factor protector frente a enfermedades crónicas no transmisibles”, explicó.
La especialista indicó que la práctica regular de ejercicios de fuerza se asocia con mejores indicadores de salud: menor riesgo de enfermedades como diabetes tipo 2 y mayor independencia física.
Además, señaló que realizar este tipo de ejercicios entre dos y tres veces por semana mejora la coordinación, el equilibrio y el desempeño físico, especialmente si se complementa con otras formas de actividad física.
Recomendó que las rutinas sean progresivas, individualizadas y supervisadas por profesionales, e incluyan ejercicios como sentadillas, flexiones, desplantes o el uso de bandas elásticas.
Asimismo, recordó que acciones cotidianas como subir gradas, levantarse de una silla o cargar objetos también contribuyen al fortalecimiento muscular y a una mejor calidad de vida.






