Hace siete décadas se aprobó en Costa Rica el sufragio femenino, sin embargo, aún existen brechas y  las mujeres luchan por garantizar el cumplimiento de sus derechos, así como la garantía de su participación en distintos ámbitos sociales, económicos  y políticos.

El Teatro Melico Salazar fue el escenario de convocatoria para conmemorar el 70 aniversario del sufragio femenino, a la actividad asistieron lideresas y líderes de la política nacional quienes reflexionaron sobre los desafíos de la participación política de las mujeres en el país.

Estamos próximas a cumplir 200 años de vida democrática y en todo este tiempo solo cinco mujeres han logrado alcanzar el puesto de Presidentas en los máximos Poderes de la República. Para las elecciones 2016, solo llegaron a las alcaldías 12 mujeres de 81 puestos. Nuestro reto como país es impulsar acciones que propicien la participación política de las mujeres y el pleno goce de sus derechos políticos en igualdad”, enfatizó Patricia Mora, Ministra de la Condición de la Mujer y Presidenta Ejecutiva del INAMU.

Las únicas mujeres que han liderado los poderes de la República son Rosemary Karpinsky Dodero, Rina Contreras López y Carolina Hidalgo Herrera, ex Presidentas de la Asamblea Legislativa; Zarela Villanueva Monge, ex Presidenta de la Corte Suprema de Justicia y Laura Chinchilla Miranda, ex Presidenta de la República.

Karpinsky fue la primera mujer en presidir la Asamblea Legislativa entre 1986 y 1987, seguida de Rina Contreras del 2000 al 2001; mientras Carolina Hidalgo asumió la presidencia del congreso del 2018 al 2019. Por otra parte Laura Chinchilla fue la primera mujer que asumió la Presidencia de la República, del 2010 al 2014 y  Zarela Villanueva se desempeñó como Presidenta de la Corte Suprema de Justicia del 2013 al 2017.

Según  estimaciones del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el logro de la igualdad de género en el rendimiento escolar y en la participación en la fuerza laboral para 2030 puede lograr un aumento de 4,4 billones de dólares, es decir, un 3,6%, del producto interno bruto mundial,  y reducir 0,5 puntos porcentuales la proporción de la población mundial que vive en pobreza extrema.