Hoy, al asumir la presidencia de la República, mi primera decisión es encomendar este nuevo gobierno a Dios. Le pido con humildad sabiduría para decidir, firmeza para actuar y un corazón justo para servir.

Anhelo con fervor que su voluntad me guíe en cada paso. Porque hoy no asumo un cargo: asumo un deber.

Un pacto conmigo misma, pero, sobre todo, un compromiso claro e inclaudicable con Dios y con Costa Rica. Y créanme que esta no es una promesa a la ligera: es una decisión de vida. Me verán trabajar con descanso, lealtad, con honestidad, con convicción y con un esfuerzo que no conoce».

Porque este pueblo cambió. Costa Rica abrió los ojos. Primero uno -cuando apostó por el cambio- y luego el otro, cuando ratificó que quería seguir por esa senda. Y como quien despierta de una pesadilla, se levantó de golpe.

Hoy somos un pueblo espabilado, informado, exigente. Un pueblo que no come cuento, que pide resultados, que llama a cuentas y que no quiere volver atrás. Un pueblo que resolvió romper con un pasado que nos falló. Con estructuras que nos alejaron de la gente. Y decidió recuperar la esperanza. Y ese pueblo lúcido me dio un mandato claro. Contundente. Innegable.

Jóvenes, adultos mayores, comunidades indígenas, afrocostarricenses… Todo un país que participó más en las urnas, que habló con fuerza y que decidió una ruta clara: continuar con el cambio.

Sí, soy la heredera de ese cambio. Y lo digo sin titubeos. Heredera de una forma distinta de hacer política. Heredera de una lucha constante, sin armas, pero con resultados. Heredera de una convicción que se resume en un principio simple: no aflojar.

Y mi promesa es no solo administrar esa herencia. Mi reto es multiplicarla.

¿Y cuál es esa nueva forma de hacer política?

La que deja de hablar y empieza a resolver. La política que fija metas, mide resultados y rinde cuentas. Que no tolera la corrupción, ni el amiguismo, ni el clientelismo. Que entiende algo básico: aquí los dueños de la patria son ustedes. Ustedes son nuestros patronos».

Y yo voy a honrar esa responsabilidad trabajando más duro que nadie. Porque estamos a las puertas de construir una Tercera República.

Una Costa Rica que no le teme al cambio. Que moderniza sus instituciones sin destruir lo que funciona. Que fortalece la democracia haciéndola más ágil, más transparente, más efectiva.

Tenemos la madurez para reconocer lo que está bien… y el valor para cambiar lo que no. Sí, eso implica revisar nuestra institucionalidad. Implica tomar decisiones que por años se evitaron. Por supuesto que eso no significa atentar contra la división de poderes. Nunca lo haría. Pero a cada uno le toca darle cuentas al pueblo de sus acciones, así como de sus omisiones».

Y también implica algo fundamental: recuperar la confianza en la justicia. Costa Rica no puede normalizar la vergüenza de ver a sus instituciones penetradas por el crimen. No podemos aceptar que el narcotráfico encuentre grietas en nuestro sistema.

La reforma que necesitamos es profunda. Y la vamos a impulsar. Sin miedo, sin vacilaciones, con resolución.

Muy pronto inauguraré una mega cárcel y uno de los más modernos centros de vigilancia policial del mundo, pero eso no servirá de nada si los jueces siguen soltando a delincuentes peligrosos y si las leyes también los protegen con la cultura del pobrecito».

A las madres que han perdido a sus hijos, les digo: su dolor no es ajeno. Lo llevo conmigo. Y esa empatía se traducirá en una respuesta firme. No me temblará el pulso para enfrentar al crimen organizado. Desde el Gobierno, asumiré con responsabilidad el liderazgo en esta lucha. Al lado de cada policía que arriesga su vida. Al lado de cada comunidad que exige paz.

Y convoco también a los diputados, y a los jueces honestos de este país, a que caminemos juntos. Porque recuperar la seguridad no es tarea de uno solo.

También estoy lista para modernizar aún más el Estado. No podemos continuar con 335 instituciones que perdieron el norte y se convirtieron en fines en sí mismas. Las que permanezcan, darán servicios de calidad a los ciudadanos».

Me empeñaré en acortar el vergonzoso rezago de 30 años en infraestructura pública, impulsando el tren rápido de pasajeros, ahora injustamente frenado por la mezquindad de unos pocos.

Pero también avanzaré en proyectos que anhelamos por décadas, como la Ruta 1, la carretera a San Carlos, la finalización de la Ruta 32 y el tramo Barranca Limonal.

Este no será un gobierno de oficina. Será un gobierno en la calle, en las comunidades, en cada cantón del país.

Sin dar ni un paso atrás. Y lo digo con mucha claridad: a quienes pensaron que podían recuperar privilegios o reinstalar viejas prácticas… se equivocan. No dejaré ningún espacio para retrocesos. 

Vamos a dar las batallas necesarias. Para construir Ciudad Gobierno.

Para desarrollar la Marina de Limón. Para resolver el saqueo y la contaminación en Crucitas. Para eliminar las pensiones de lujo.Para impulsar jornadas más flexibles que generen empleo.Y para garantizar que quienes destruyen la paz enfrenten consecuencias reales.

En el ámbito internacional, Costa Rica seguirá siendo un país de paz, de democracia y de respeto a los derechos humanos. Fortaleceremos alianzas. Abriremos mercados. Acompañaremos a nuestros productores. Y llevaremos al mundo lo mejor de nosotros: nuestra estabilidad, nuestro talento y nuestros valores.

Soy, a partir de hoy, la presidente número 50. Y seré la presidente de todos. Asumo ese mandato con determinación, con conocimiento y con sensibilidad. Con el arrojo que me da ser una hija de la clase media. De esa Costa Rica donde el esfuerzo no es discurso, es requisito. Soy puntarenense, a mucha honra. Mujer de familia. Madre. Servidora pública. Y ciertamente no vengo de los apellidos esculpidos en las vitrinas del poder. Vengo de un país que da oportunidades, y soy prueba fiel de que esas oportunidades se conquistan trabajando».

Mi lealtad es clara: es con Dios y con el pueblo. No tengan duda que gobernaré con la misma entrega para todos y para cada uno de los rincones de este país. Para las mujeres, para los niños, para nuestras comunidades indígenas y afrocostarricenses. Para nuestras costas, que hoy tienen voz en esta Presidencia.

Costarricenses: El camino no empezó hoy. Inició un día como hoy, hace cuatro años. Pero hoy toma un nuevo impulso. Los invito a caminar conmigo. A trabajar juntos. A no desperdiciar este momento. Porque lo que está en juego no es un gobierno. Es el rumbo de un país. Y en mí tendrán a una presidente que no aflojará, que apretará aún más para forjar ese país pujante, igualitario, eficiente y lleno de oportunidades con el que muchos soñamos y todos merecemos.

Que Dios bendiga a Costa Rica.

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Y que nunca volvamos a cerrar los ojos.

Muchas gracias.

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