El 18% de los hombres padecen de esta condición.

Especialistas insisten en que el acompañamiento médico y psicológico permite recuperar el bienestar y la calidad de vida.

Aunque la obesidad suele asociarse a enfermedades metabólicas, también puede afectar directamente la vida sexual de las personas. Se estima que hasta un 29% de las mujeres y un 18% de los hombres con obesidad presentan algún tipo de disfunción sexual, aunque es poco frecuente que el paciente busque ayuda profesional.

De acuerdo con la doctora Laura Ulate Oviedo, especialista en endocrinología, la disfunción sexual es un trastorno que altera las fases de la respuesta sexual y provoca malestar físico y emocional.

La salud sexual es parte fundamental del bienestar integral, pero sigue siendo un tema del que cuesta hablar. En las personas con obesidad, la combinación de factores hormonales, circulatorios y emocionales puede disminuir el deseo o la función sexual, y eso afecta directamente su calidad de vida”, explicó la especialista.

La obesidad puede afectar la función sexual de forma compleja: el exceso de tejido adiposo genera inflamación crónica y altera el equilibrio hormonal. En las mujeres, esto puede traducirse en exceso de hormonas masculinas o femeninas, generando problemas como infertilidad o síndrome de ovario poliquístico.

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En tanto, en los hombres, puede provocar un aumento de estrógenos y disminución de testosterona, lo que se traduce en problemas como disfunción eréctil, infertilidad o cambios en el desarrollo corporal. Además, estos cambios interactúan con factores emocionales y de autoestima, afectando directamente la calidad de vida sexual de la persona 

Además de los cambios hormonales, la doctora Ulate señala que los factores psicológicos influyen significativamente.

La autoestima y la imagen corporal tienen un papel clave. Muchas personas con obesidad se sienten avergonzadas o estigmatizadas, y eso limita su confianza y sus relaciones personales”, añadió.

La endocrinóloga subraya que el tratamiento debe ser multidisciplinario, con atención médica, psicológica y nutricional. Cuando se aborda de forma global, es posible revertir los efectos y mejorar no solo la función sexual, sino también la salud emocional y metabólica.

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