En un emotivo acto celebrado este mes de noviembre, en el salón de Jefes de Estado y Presidentes de la República de la Asamblea Legislativa, se develó el retrato oficial del Benemérito de la Patria, don Fernando Centeno Güell, pionero de la enseñanza especial en Costa Rica, Centroamérica y Latinoamérica.
La declaratoria como Benemérito fue impulsada por tres ciudadanos guadalupanos que unieron esfuerzos en 2021 para reavivar el sueño: don Fernando Quesada, sobrino político del Benemérito; don Francisco Enríquez, historiador; y el periodista Roberto Acosta, quienes sumaron gestiones, investigación y persistencia hasta lograrlo.
“Fernando Centeno Güell fue el arquitecto de la inclusión educativa en Costa Rica. Su visión trascendió fronteras y cambió la vida de miles de personas con discapacidad. Este acto no solo lo honra a él, sino que reivindica a toda una generación de educadores que creyeron en un país más justo y humano”, señaló el historiador Francisco Enríquez.
Por su parte, don Fernando Quesada, sobrino político del benemérito, recordó que aún queda un paso esencial para completar el homenaje a su ilustre pariente.

“Ahora lo que falta es que el Ministerio de Educación Pública ejecute el presupuesto ya girado para la reconstrucción de la casona, en Guadalupe, donde nació la primera escuela de enseñanza especial del país. Solo así completaremos el tributo a la obra de don Fernando y al legado de inclusión que dejó a Costa Rica”, expresó.
Nacido en San José en 1907, Fernando Centeno Güell fue benefactor de las personas con discapacidad, maestro, promotor cultural, poeta y académico. Estudió pedagogía especializada en la Universidad Central de Madrid y dedicó su vida a abrir caminos para la educación inclusiva. En 1939, regresó a Costa Rica y fundó la primera escuela para niños con discapacidad, que años después se convirtió en el actual Centro Nacional de Educación Especial Fernando Centeno Güell.
Su obra trascendió las fronteras nacionales: participó en la fundación de escuelas de enseñanza especial en Nicaragua, Panamá, Honduras y Guatemala, dejando un legado regional de enorme valor. Recibió distinciones como el Premio Magón (1989), la Encomienda de la Orden de Isabel la Católica (1986), y el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Costa Rica (1990), entre otros.
El evento marca la culminación de una gesta cívica que tomó más de 25 años concretar, desde que en 1997 se presentó el primer proyecto de ley para honrar a don Fernando con esta distinción. Finalmente, el 11 de octubre de 2022, se convirtió en Ley de la República, gracias al impulso del entonces diputado Erick Rodríguez Steller, quien presentó la iniciativa el 9 de setiembre de 2021, curiosamente un Día de la Niñez Costarricense, retomando una deuda moral del país con uno de sus más grandes humanistas.



