Promover la construcción de una cultura de paz en los espacios de convivencia cotidianos, mediante talleres lúdicos y participativos que involucran a estudiantes, docentes y familias de escuelas heredianas, es el objetivo del proyecto “Comunidades educativas que construyen paz”, coordinado por la académica Evelyn Cerdas, del Instituto  de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional (Idela-UNA).

En una sociedad  como la nuestra en la cual la violencia ha permeado espacios como la familia, los centros educativos y las comunidades, se hace necesario fortalecer las capacidades y habilidades para prevenir diversas formas de violencia y construir formas de hacer las paces en los espacios cotidianos de convivencia; esto requiere de la participación activa, creativa, crítica, cooperativa y comprometida de docentes, estudiantes y sus familias de forma que puedan participar activamente en la transformación de relaciones y contextos de violencia”, afirmó la coordinadora de este proyecto que se desarrolla con las Escuelas Santiago y Finca Guararí de Heredia.

La académica y extensionista del Idela explicó que en el espacio escolar se construyen y reconstruyen relaciones, que se integran en el sistema educativo como potenciadoras de transformaciones y aprendizajes más allá del aula. En la escuela, los niños y niñas son protagonistas y son parte de espacios comunitarios y familiares de una sociedad costarricense  donde pueden aportar y participar con ideas, propuestas y acciones para construir y reconstruir una cultura de paz en la que se promueva una convivencia sin violencia, donde las personas busquen alternativas para resolver y transformar los conflictos de forma pacífica, dialoguen, cooperen y sean más solidarias, reconozcan la dignidad humana y se consideren co-responsables de la construcción de la paz.

Estos talleres son sumamente necesarios. Ahorita, como lo vemos desde las escuelas, es importante seguir reforzando las construcciones pacíficas, la posibilidad de desarrollar herramientas para resolver conflictos”, subraya Marcela Pérez, psicóloga del equipo interdisciplinario de la Escuela Finca Guararí.

También han participado de esta iniciativa las escuelas Miguel Aguilar Bonilla, Rubén Darío, San José, Samaria y Braulio Morales.  

La metodología empleada en estos talleres se caracteriza por ser lúdica, vivencial, interactiva, creativa y flexible; la apuesta ha sido trabajar por medio de los juegos cooperativos como espacios de aprendizaje, diálogo, vivencia y disfrute.

Se busca—dice Cerdas—que los procesos educativos se basen en situaciones concretas vividas por los y las participantes, quienes se conciben como agentes de transformación de la realidad y constructores de conocimientos. 

Aportes por la paz y la noviolencia

Para la extensionista de la UNA, el principal resultado de esta iniciativa  es la acogida de parte de los centros educativos participantes, los equipos interdisciplinarios, así como la participación incondicional de los niños y las niñas en los talleres.

Como producto de esta acogida al proyecto, se logró la realización de dos ediciones del “Festival para la paz”, cuya organización se trabajó en conjunto y bajo el liderazgo de los equipos interdisciplinarios de cuatro escuelas: Rubén Darío, Santiago, Finca Guararí y Miguel Aguilar Bonilla. 

Estudiantes de las escuelas participantes en estos festivales escribieron cuentos sobre la paz como forma de promover la paz y las formas pacíficas de convivencia. A partir de estos festivales, se logró compilar dos libros de cuentos escritos por estudiantes: Cuentos para la paz, 2020 y Cuentos que construyen paz, 2021.

Además—tomando en cuenta que en el proyecto se visibiliza y fortalece el vínculo entre docencia y extensión—se contó con la participación de estudiantes de las Maestrías del Idela, quienes prepararon material didáctico como videos y una guía titulada  “Noviolencia: propuestas para la paz”, que se publicará próximamente como material de apoyo a docentes para el trabajo sobre noviolencia.

Cerdas también resaltó el hecho de que el proyecto contribuye al fortalecimiento de habilidades y capacidades de las personas participantes para promover la convivencia pacífica y aportar a la construcción de la cultura de paz desde los espacios cotidianos, así como las diversas visiones de paz y formas de hacer las paces que la comunidad educativa comparte. 

La esperanza sigue viva

La coordinadora del proyecto “Comunidades educativas que construyen paz”  sostiene que convivir de forma pacífica es una forma de vida, una práctica y un derecho que trasciende edades y contextos sociales, pero que se construye día a día. “La realidad en Costa Rica muestra que es un camino que hay que recorrer todos los días, buscar estrategias para cambiar las realidades, las formas de actuar y para que todos y todas tengamos un compromiso”. 

La académica de la UNA reconoce que la realidad que muestra la falta de una convivencia pacífica es explícita en el país, evidencia de lo cual son las diversas formas de violencia cultural, directa y estructural, la falta de solidaridad y empatía, las agresiones físicas y verbales, incluso en los deportes  o por peleas callejeras, el bullying en los centros educativos, los feminicidios, la violencia en las calles, entre otros. 

“Todo esto es no convivir pacíficamente. Sin embargo, un punto importante de trabajar en educación para la paz y promover la cultura de paz es que la esperanza sigue viva, la esperanza de transformar, de reconstruir nuevas formas de hacer las paces y de avanzar hacia relaciones más armoniosas”, afirmó la coordinadora del proyecto.

La iniciativa es congruente con el interés histórico del Instituto de Estudios Latinoamericanos (Idela) de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNA de contribuir a la construcción de una cultura de paz y de los derechos humanos por medio de los proyectos de extensión y de investigación, que permitan trabajar de forma colaborativa con comunidades y grupos sociales, así como con instituciones. 

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