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La tradición de mascaradas se remonta al Cartago colonial, específicamente cuando las comunidades se reunían en las festividades taurinas donde se mostraban personajes tradicionales. Desde 1996, se estableció el 31 de octubre, como el “Día Nacional de la Mascarada Tradicional Costarricense”, con el objetivo primordial de promover el conocimiento de las diferentes manifestaciones culturales existentes en el país, como un aporte dirigido a recuperar y consolidar la identidad cultural del ser costarricense. 

Con el fin de conocer a los creadores que están detrás de todos estos personajes y cómo han desarrollado este arte a través de los años, la Unidad de Comunicación del Ministerio de Cultura y Juventud, desarrolló una campaña sobre este tema y entrevistó a representantes mascareros para conocer sus historias como exponentes de este oficio, entre ellos el barveño William Zárate Camacho. 

Inició su arte desde años escolares 

William Zárate, artesano, mascarero barveño, inició su arte a corta edad, cuando cursaba el sexto grado de escuela. Su amor  por las mascaradas inició al observar el trabajo de otros mascareros, como Carlos Cabezas Salas y Adrián Chamoni, con quien aprendió a elaborarlas.

En mis años de escuela junto con un compañero hacíamos máscaras pequeñas, pusimos una vitrina y las vendíamos”, indicó. Tiempo después, Salas abrió su propio negocio de mascaradas, las cuales alquilaba para las fiestas del pueblo y, con los años, desarrolló mejores técnicas hasta llegar a hacer máscaras personalizadas.

De acuerdo con la arqueóloga y antropóloga Dayana Morales del Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural: “se reconoce la ocupación del pueblo desde la época colonial y esto hizo que, desde tiempos antiguos, ingresaran costumbres que llegaron con los españoles y que, las poblaciones originarias de la región, adoptaron según sus prácticas. Barva de Heredia es un lugar que se conoce por un largo camino, que tiene un gran legado desde la época colonial como conformación oficial del pueblo que hoy día se conoce como Barva y de ahí se asentaron prácticas como la mascarada y posteriormente la relación con la música de la cimarrona”.

Reconocer la labor del mascarero, el aporte de la máscara y la importancia de la mascarada como elemento cultural e identitario, es indispensable para la salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial costarricense”, concluyó Morales. 

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