Como líderes de equipos de trabajo es usual que estemos a cargo de un grupo o grupos de personas con diferentes culturas y valores, que normalmente comparten 40 horas a la semana o más dentro de un espacio pequeño llamado oficina.
Por supuesto que es normal que surjan los conflictos, más aún en tiempos de alta competitividad y estrés, donde todo debe salir cada vez más rápido. Lo primero al ver un conflicto es entender que es parte del crecimiento de los equipos de trabajo, es más: ¡Preocupémonos cuando nunca se vean conflictos! porque es un signo de inercia o desinterés que podría estar avisando un riesgo aún más grande para la organización.
Segundo, una vez que identificamos que efectivamente hay un conflicto y que es normal que sucedan, debemos medir las expresiones verbales y no verbales de los principales involucrados. Es decir, si existen expresiones como que alguien levante la voz, comportamientos agresivos o sarcasmo, vas a tener que trabajar en el tono de la conversación, invitar a la diplomacia donde el trato es correcto y educado, de acuerdo con el contexto en donde se encuentre.
Por el contrario, si las expresiones que observamos son mas de indiferencia, las personas no se hablan, simulan que el conflicto no existe, y posponen la toma de decisiones. Entonces, estamos en un ambiente de poca negociación o avance.
Aquí también invitamos a la diplomacia, pero apelamos al interés y compromiso con un objetivo común ya sea un producto, proyecto o la misma misión de la organización. Se trata de poder trabajar juntos y avanzar a la meta, aun cuando todos seamos diferentes e incluso no coincidamos en nuestras opiniones.
Por último, cuando dirigimos equipos dentro de la oficina debemos recordar que las relaciones de nuestros grupos son un reflejo del liderazgo que proyectamos, por lo que la autenticidad siempre es una buena herramienta para utilizar al dirigir este tipo de conversaciones.





