Por Rocío Briceño
Consultora, Coach Gerencial & Docente UCR
Hay una frase muy famosa que dice: “Ten cuidado con lo que deseas porque en una de tantas se vuelve realidad”. En ocasiones deseamos mucho alguna situación o cosa y cuando estamos ahí nos damos cuenta que quizá estábamos mejor antes.
En las empresas muchas veces los directivos viven esa situación ya que quieren entrar en el negocio, presionan a las ventas, buscan que operaciones y los gerentes de proyectos entran en la soñada oportunidad, pero no medimos el umbral de riesgo.
Entonces ¿qué sucede? Que puede ser que no aguantemos el impacto que se corre a cambio de entrar en el proyecto, puede ser rotación de personal, puede ser falta de capacidad para hacerle frente a otras oportunidades, puede ser afectaciones en flujo de efectivo, depende mucho de la naturaleza del proyecto en el que hayamos elegido entrar.
Para estos casos es recomendable analizar los conceptos de apetito y tolerancia al riesgo:
Riesgo: probabilidad o incertidumbre de variar el resultado de un objetivo.
Apetito: se refiere a la cantidad de exposición al riesgo a la que está anuente una organización a correr a cambio de un beneficio o una oportunidad.
Tolerancia: se refiere a la capacidad de continuar operando aun si el riesgo se llegara a materializar.
Actitud ante el Riesgo: posición que toman los líderes ante situaciones de incertidumbre.
En ocasiones el cliente o bien la persona patrocinadora del proyecto tiene muy claro que desea la recompensa si todo sale bien, por lo tanto, tiene un alto apetito de riesgo. Sin embargo, si la organización presenta una baja tolerancia, las consecuencias de abordar ese proyecto podrían meternos en una situación embarazosa como compañía en la que terminemos afectando a nuestros equipos de trabajo.
Entonces como decía la abuela una cosa es quererlo y otra es aguantarlo, analiza con la cabeza fría todas las posibilidades.
En momentos con variaciones económicas como por ejemplo los tipos de cambio inciertos o situaciones políticas complejas lo mejor es entender bien qué tanta tolerancia tiene la empresa para tomar decisiones de invertir o de sostener lo que ya está en operación.
Tome en cuenta que en una situación riesgosa hay ganadores y perdedores. ¿En qué lado de la balanza está usted?





